El
Duende de la Chorrera
En la
aldea de La Boquita (municipio de San Pedro de Zacapa), corre
un riachuelo cristalino que se desprende de las faldas de
unos pequeños cerros para caer en cascada y formar
una poza en la planicie que, hoy en día, es lugar obligado
para los bañistas de la comunidad.
Cuentan los ancianos de La Boquita que, hace muchos años,
un hombrecillo de aproximadamente un metro de estatura, aparecía
en las proximidades de la poza, enamorando a las muchachas
y haciendo una infinidad de travesuras.
Vestía
ropa de colores llamativos y usaba sombrero de ala ancha.
Por las noches, los vecinos escuchaban música
de guitarra muy bien ejecutada, el canto de toda clase
de aves, el sonido de objetos que caían al agua
y el croar de las ranas.
Nadie
iba a bañase en la poza desde que aquel ser sobrenatural
apareció en sus inmediaciones. |
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Un profesor
de la escuela se reía de los relatos que, sobre aquellos
fenómenos, contaban los humildes vecinos. Un día,
lunes, al concluir las tareas de la mañana, se encaminó
hacia la poza, para convencer a todo el mundo que no se podía
dar una explicación científica a este fenómeno.
Al llegar a la poza, vio que un sombrero, adornado con cintas
multicolores, flotaba en el agua. Luego escuchó un
silbido. Al dirigir la vista al lugar de donde procedía,
descubrió con asombro a un hombre pequeñito
que le hacía señales con las manos desde una
cueva que se encontraba detrás de la cascada.
El profesor
de nuestra historia salió a todo correr y no paró
hasta que se encontró seguro en su casa.
El agua
del riachuelo comenzó a secarse. Los habitantes de
la aldea no sabían qué hacer. Unos rezaban,
otros buscaban ayuda en la comunidad de Zacapa, pero la gente
se reía sin dar crédito a las explicaciones
de los aldeanos.
Providencialmente
llegó un sacerdote de Santa Bárbara que escuchó
el largo relato de estos increíbles sucesos. Les habló
en tono paternal:
“Sin
lugar a dudas se trata del duende. ¡Que nadie se engañe!
Ese ser es una manifestación del ma que cada uno tiene
dentro de sí. Es la respuesta al pecado, al alejamiento
de las cosas de Dios. Mañana a mediodía todos
iremos a la poza…rezaremos con el corazón, cantaremos
a nuestros santos, a la Virgen y a Dios Nuestro Señor.
Al frente de la procesión llevaremos unas cruces…que
nos recordarán el sacrificio supremo de Jesucristo
en su vida terrenal”.
Y así
lo hicieron. Elevaron sus plegarias al Hacedor del Universo,
invocando la redención de los pecados, antes de regresar
a sus casas. El riachuelo volvió a correr y nunca más
ha dejado de hacerlo.
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